Si, trabajo en un registro. ¿Me conoces?

Pues resulta que sí, que trabajo en un Registro. Concretamente en uno de la Propiedad.

Desde hace ya más de dieciocho años vengo peleándome con escrituras, tomos, folios, usuarios (que no clientes) y con la “crème de la crème”… es decir notarios y registradores.

Este va a ser un sencillo post defendiendo y dignificando mi trabajo y la institución para la que lo desempeño, el REGISTRO DE LA PROPIEDAD.

2. Trabajo en un registro

¿Qué es un registro de la propiedad? ¿Para qué sirve? ¿Es independiente o tiene amigos?

Creo conveniente, antes de empezar a explicar el desempeño de mi trabajo, explicar brevemente lo que ES y lo que NO ES un Registro de la Propiedad, pues la mayoría de la población NO conoce esta institución como debería hacerlo, ni sabe ponerla en valor y relación con otras instituciones, como la del NOTARIADO, que conjuntamente con la registral, crean el magnífico, excelente y tristemente ninguneado sistema de protección hipotecaria del que disfrutamos en España.

El Registro de la Propiedad en España tiene una historia que alcanza ya los 150 años, y desde entonces ha venido sirviendo a los ciudadanos de este país de una forma anegada y silenciosa.

Mucho cabe decir al respecto sobre su devenir, pero quedémonos de momento con el hecho de que sufrió una importantísima reforma en los años 40 de la que emanó el 80% de la actual Ley y Reglamentos Hipotecarios (cuyas posteriores reformas, del año 2000 en adelante, estamos sufriendo día a día los profesionales de esto, en un continuo sinsentido legislativo).

Básicamente el Registro de la Propiedad es un ente público, de Derecho Privado, cuyo objetivo es la inscripción y POSTERIOR PUBLICIDAD de los derechos reales en él inscritos sobre bienes inmuebles.

Lo que es una definición demasiado académica que básicamente se puede resumir en que:

  • Es de acceso público (y voluntario… no lo olviden).
  • De derecho privado (pues atiende a los pactos y contratos entre particulares)
  • Cuyo objetivo es inscribir (escrito en piedra, inamovible, perpetuo) y dar posterior publicidad (de forma pública, legítima y oponible de tal forma que lo en él inscrito se presume cierto, veraz y OPONIBLE frente a terceros) de los derechos inscritos.

En otro de mis post “Historia de una servilleta que llegó a lo más alto” encontrás un ejemplo sobre el “pleno dominio” (el derecho REAL por excelencia del Registro) concrete más la definición que he expresado.

Oscar Morejón

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