!Qué estrés!

 “¡Qué estrés!”, “estoy muy estresado/a”, “no tengo tiempo para nada”, “esta situación me supera, es muy estresante”… son todas frases que utilizamos para hacer referencia al estrés, sin embargo, hazte esta pregunta antes de seguir leyendo ¿qué es el estrés?

Estrés

Parece que es más fácil experimentarlo que definirlo, ¿verdad?

Actualmente podemos conceptualizarlo con precisión, pero no hace mucho tiempo era un término confuso que se mezclaba con otros como depresión o ansiedad. Hoy podemos decir que el estrés se entiende como una relación particular entre el individuo y el entorno, que es evaluado por éste como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar (Lazarus y Folkman, 1986).

Desglosemos algunas de sus notas definitorias: INDIVIDUO, ENTORNO, EVALUCIÓN y RECURSOS.

Alrededor del INDIVIDUO se encuentra la respuesta al estrés que hace referencia a todos aquellos aspectos de reacción fisiológicos que se desencadenan en el organismo de la persona y la preparan para la acción. Esta serie de mecanismos orgánicos, de los que no hablaremos porque más merecen un artículo de endocrinología, llevan al cuerpo a la secreción de sustancias que ponen en funcionamiento toda una maquinaria que genera un elevado consumo de energía y que en una situación de amenaza real son muy adaptativos y probablemente nos permita salvar el pellejo. Sin embargo, mantener de forma prolongada en el tiempo estas sustancias en niveles elevados lleva al organismo al desgaste y por supuesto, mientras unos mecanismos están actuando para salvarnos, otros dejan de funcionar para que los primeros puedan actuar. De esto hablaba Sapolsky, profesor de ciencias biológicas y neurología en la Universidad de Stanford, en una entrevista ofrecida a Punset:

“…Si te persigue un león, escoges otro día para ovular, retrasas la pubertad, ni se te ocurre crecer, ya digerirás más tarde, pospones la fabricación  de anticuerpos para la noche, si todavía estás vivo…. Se trata de eliminar todo lo que no sea esencial…”

De ahí el comentario para quienes están intentado ser padres y no pueden: “en el momento en que se relajen…”. O de aquellas personas tan estresadas que sufren de estreñimiento, o que sexualmente tienen muy baja la lívido, que enferman con facilidad… Pues al final “a perro, flaco todo son pulgas”.

Que te persiga un león es realmente estresante pero la clave para estresarte es tu percepción de la situación… Ahora ya tenemos aquí al ENTORNO y la EVALUACIÓN.

El entorno  hace alusión a las circunstancias que nos rodean y que vamos a llamar estresores, pero a estos hay que sumarle la percepción de amenaza que tenga la persona para que genere estrés. De ahí que ante una misma situación haya personas que sientan estrés y otras no. Volvamos al león… ante tamaña fiera ¿Cómo crees que se sentiría un domador?¿y un pianista?… Resulta interesante cómo el estrés lleva aparejado una connotación negativa, pero lo cierto es que también se produce ante situaciones  positivas: “me caso el mes que viene”, “he encontrado un nuevo trabajo”, “voy a ser padre”….

Seguía Salposky: “…claro, el problema es que nosotros, como primates muy sofisticados que somos, podemos iniciar exactamente el mismo proceso de respuesta al estrés a raíz de un estado psicológico, de un recuerdo, una experiencia, una emoción, pensando en algo que puede ocurrir dentro de treinta años o que tal vez no ocurra nunca, pero iniciamos la misma repuesta al estrés. El meollo de la cuestión es que desencadenar este proceso durante tres minutos para salvar la vida es perfecto, pero si lo haces de forma sistemática, por razones psicológicas, aumenta las posibilidades de enfermar”.

Son muchas las situaciones que se pueden producir en nuestras vidas capaces de generar estrés y pueden oscilar entre circunstancias puntuales muy intensas como perder a una persona cercana, sufrir una enfermedad terminal, un accidente de coche trágico, un divorcio, una violación, un terremoto devastador… otras de menor intensidad y más frecuentes, como tomar una decisión, suspender un examen, problemas de dinero, ruido, conflicto con los compañeros, con la familia o los amigos, atasco de tráfico, mal tiempo… hasta situaciones de tensión crónica mantenida como sufrir malos tratos, ser cuidador de un enfermo con demencia, inmigrantes sin papeles, ect.

Objetivamente todas son situaciones desagradables, totalmente indeseables y altamente estresantes. Algunas, ni siquiera son susceptibles de poderse cambiar… ¿con qué RECURSOS contamos para mitigar sus efectos?… he aquí que cada uno contamos con una serie de mecanismos para hacer frente a las diversas situaciones y demandas, tanto internas como ambientales: son nuestras estrategias de afrontamiento, que nos llevarán a reaccionar entre otros modos evitando o huyendo o cogiendo al toro por los cuernos.

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