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La cultura como generadora de estererotipos

Quien afirme que no tiene un estereotipo de cierto grupo de personas inmigrantes, de los gitanos, de los atletas negros, de las personas con discapacidad, de las mujeres (o de los hombres),… estaría mintiendo, o querría tratar de convencernos de que vive en una burbuja aislado de sus recuerdos y de la información social a la que nos enfrentamos cada día. ¡NO OS PREOCUPÉIS!, Todos mantenemos estereotipos.

 “La mejor forma de no dejarse influir por los estereotipos y poder cambiarlos es saber qué son y cómo funcionan.”

¿Qué son los estereotipos?

Esas creencias, normas, roles y valores de las que hablábamos antes y que son compartidos por los miembros de una misma cultura, llegan a cada una de las personas que componen los diferentes grupos sociales sin filtros y, de forma automática las interiorizamos muchas veces sin antes haberlas analizado. Es el caldo de cultivo perfecto para que el ESTEREOTIPO se forme.

Pero… ¿qué son los estereotipos? Son “imágenes en nuestra cabeza” que reflejan nuestras tendencias a pensar que las personas o cosas que pertenecen a la misma categoría comparten características similares. Influyen en cómo percibimos el mundo y nos hablan de él antes de verlo. Los estereotipos son nuestras “gafas sociales” para interpretar lo que nos rodea.

Estas gafas nos ayudan a explicar la realidad haciendo nuestras vidas más cómodas, a ahorrar energía simplificando el mundo y a seguir compartiendo conocimiento posibilitando la interacción y la convivencia.

El estereotipo sirve también para acentuar las diferencias entre los grupos, ya sean reales o percibidas, y para mostrar las similaridades dentro del propio grupo, ayudando a mantener la autoestima colectiva y una estructura y estatus social.

Una de las principales bases para la diferenciación es la apariencia física; pensemos en aquellos rasgos que claramente distinguen unas etnias de otras, pero también en hombres y mujeres, en personas atractivas, obesas, con discapacidad,… De hecho, es lo primero que describimos para ayudar a otros a saber si alguien le gustará o no. Y para llegar aún más lejos, habitualmente juzgamos el carácter de los demás por su apariencia. Pero no olvidemos que cualquier atributo puede ser utilizado para diferenciarnos a “nosotros” de “ellos”: raza, sexo, clase social, religión, nacionalidad, edad, profesión, etc.

 ¿Cómo se forman y mantienen los estereotipos?

Son varios los mecanismos por los que los estereotipos se forman y parece que son procesos de los que las personas no somos conscientes, a no ser que nos paremos a reflexionar sobre ello, por lo que resulta interesante conocerlos para saber hasta qué punto nos hemos formado impresiones sobre las personas o cosas sin haber participado del todo en la elaboración de esa información.

 a.       La formación de categorías

A la mente humana le resulta más fácil analizar la información y tomar decisiones si agrupamos los estímulos que provienen del exterior en categorías. De esta forma, ante cualquier indicio “objetivo” (y el color de la piel, el sexo o la edad, constituyen, sin duda, buenos indicios), tendemos a categorizar a las personas como miembros de un grupo atribuyéndole las características de dicho grupo. La simple asignación de características a un grupo no se produce de forma neutral, sino que tiene inmediatas consecuencias psicológicas y es capaz de conseguir que se evalúe a los miembros pertenecientes a cada categoría de manera concreta, teniendo su base el prejuicio cuando la evaluación es negativa. Simplemente pertenecer a dos grupos diferentes exagera las diferencias percibidas entre los grupos.

Categoricemos pues… personas buenas y malas, feas y guapas, blancas y negras, gordas y flacas, capaces e incapaces… pues bien, a partir de aquí inferimos que a cada grupo le toca asumir una serie de roles y características dadas.

 b.      Ilusión de homogeneidad del exogrupo

Creencia de que las personas que pertenecen a otros grupos distintos al nuestro comparten en mayor medida las características que les asignamos. Por eso pensamos que el estereotipo describe con bastante precisión a cada uno de sus miembros. Esta tendencia juega un importante papel en el prejuicio y en la persistencia de los estereotipos negativos, y se manifiesta en el lenguaje cotidiano cuando decimos que “todos/as los/as… son iguales” (sustitúyase los puntos suspensivos por el grupo al que se desee estigmatizar).

Veamos cómo funciona: para muchas personas extranjeras “los españoles son unos juerguistas”. Parece que en esta afirmación están representadas todas las Comunidades Autónomas, por lo que el simple hecho de ser de España supone llevar este “San Benito” para muchos forasteros, que también llevarán el suyo por ser precisamente “LOS FORASTEROS”. Aquí lo que parece que está funcionando es el “todos son iguales”, sin focalizar la atención en la variabilidad de los individuos.

 c.       Correlaciones ilusorias

Describen el hecho de que, algunas veces, las personas consideran que dos hechos están relacionados cuando en realidad no hay ninguna relación entre ellos. Lo que se produce es una asociación entre miembros de grupos minoritarios y conductas poco frecuentes y habitualmente indeseables.

 Se puede aplicar, por ejemplo, a la tendencia a sobreestimar la tasa criminal de afroamericanos (distintividad alta, al ser minoría) por parte de los estadounidenses de raza blanca.

 d.      La profecía autocumplida o efecto pigmalión

Se produce cuando las personas mantienen expectativas sobre una persona o un grupo de ellas, que les llevan a alterar su conducta y comportarse de acuerdo a dichas  creencias. Por ejemplo, las expectativas que los profesores tienen sobre el rendimiento de sus alumnos, afecta al comportamiento que tienen con ellos. De esta manera, aquellos alumnos de los que se espera un menor rendimiento, acabarán rindiendo menos.

El efecto pygmalión es especialmente peligroso para el mantenimiento de los estereotipos, porque los miembros de los grupos dominantes lo pueden ver como la evidencia o validez de que las características del grupo son tal y como ellos las atribuyen.

La amenaza del estereotipo es otro mecanismo que ayuda a mantener esta forma de procesar la información. Las personas que pertenecen a algún grupo sobre el que pesa algún tipo de estigma (personas con discapacidad, “sin techo”, homosexuales, drogodependientes, etc.) suelen ser conscientes de lo que los demás piensan de ellos y tienden a sentirse preocupadas por si su comportamiento confirma el estereotipo negativo que pesa sobre ellos, produciéndose un incremento de la ansiedad y, por tanto, una reducción del rendimiento. ¡Es la pescadilla que se muerde la cola!

Nuestras experiencias pasadas determinan lo que vemos y oímos en el presente, cómo interpretamos la información que recibimos y cómo la almacenamos para volver a recuperarla, por lo que los procesos de socialización cultural son especialmente influyentes en el mantenimiento de los estereotipos. Además, el lenguaje que utilizamos, los medios de comunicación, los roles sociales, los libros, las películas… activan toda esa red de conocimiento compartido y ayudan a mantenerla en el tiempo, pero… también ayudan a cambiarlos.

Autor: Yeray Santana García

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Por: CCOOntigocampus

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